Salud

Por qué el aire acondicionado te reseca la garganta y qué hacer

14 de julio de 2026

Aparato de aire acondicionado blanco instalado justo encima de una cama
Foto: Unsplash

Vamos por la segunda ola de calor de 2026 y en muchas casas el aire acondicionado lleva más de una semana seguida sin apagarse apenas. Normal, cuando el termómetro no baja ni de noche. Lo que ha pasado esta semana es que varios medios (COPE, The Objective, Trendencias) han recogido las mismas declaraciones de Jorge Ángel Heras, enfermero y divulgador sanitario, sobre un efecto secundario del aire acondicionado que casi nadie tiene en cuenta. El aparato baja tanto la humedad del ambiente que acaba resecando las vías respiratorias y la piel. Es el mismo mecanismo que ya explicamos hace unas semanas al hablar de la humedad ideal en casa, solo que aquí el culpable no es la calefacción de invierno, sino el compresor del aire en pleno julio.

La mecánica no tiene mucho misterio. Un aparato de aire acondicionado enfría extrayendo calor del aire, y para eso condensa parte del vapor de agua que ese aire lleva disuelto; el charco que se forma en la bandeja exterior de la unidad es justo eso. Queda un ambiente más frío, sí, pero también más seco, y esa sequedad ataca primero a las mucosas que protegen la nariz y la garganta. Heras lo resume así a COPE: "el aire acondicionado baja mucho la humedad del ambiente, y esto hace que las vías respiratorias y la piel se resequen". No es una opinión aislada. Cualquier neumólogo cuenta lo mismo cuando le preguntas por qué en verano, con el aire puesto, aparecen toses secas que nada tienen que ver con un resfriado.

Unidad de aire acondicionado marcando 22 grados
Foto: Unsplash

El propio enfermero señala en esas entrevistas un segundo problema del que se habla bastante menos. Pasar la noche entera con el aire frío incidiendo sobre el cuerpo enfría la musculatura y puede provocar calambres y contracturas, sobre todo en cuello y espalda. La típica tortícolis de verano que uno atribuye a dormir mal, cuando el causante llevaba toda la noche zumbando en la pared de enfrente.

Nadie está diciendo que apagues el aire y aguantes el calor a pelo, cosa poco realista con las temperaturas de estos días. Lo que se repite en las entrevistas es usarlo de otra manera. Encenderlo un rato antes de acostarte y apagarlo después, en vez de tenerlo toda la noche. Mantener el termostato entre 24 y 26 grados en lugar de forzar mínimos que disparan el contraste térmico. Orientar las lamas hacia el techo para que el aire no golpee la cara o el cuello. Y aprovechar la ventilación natural en las horas en que ya ha refrescado fuera. Cuando eso no basta porque la habitación necesita el aire encendido buena parte de la noche, Heras lo dice con todas las letras: "también estaría bien pues utilizar un humidificador", para devolver la humedad que el propio aparato ha quitado.

En verano cuesta pensar en el humidificador, que lo tenemos fichado como cosa de invierno. Pero el rango que buscamos sigue siendo el mismo 40-60% de humedad relativa del que ya hablamos al repasar el RITE y las guías de la OMS, y a ese rango le dan igual las estaciones. Un dormitorio con el aire acondicionado a tope en agosto puede acabar tan seco como uno con la calefacción a tope en enero.

Humidificador blanco emitiendo niebla fría sobre una mesa de madera
Foto: Unsplash

Aquí hablamos de contrarrestar unas horas de aire acondicionado nocturno, no de humidificar una casa entera todo el invierno. Para eso no hace falta el aparato más grande del catálogo, ni el más caro. Un ultrasónico compacto de entrada cumple de sobra. El Cecotec Pure Aroma 300 Yang, que ya tenemos analizado en el blog, lleva un depósito de 300 ml que aguanta las 6-8 horas de sueño de una habitación individual, y ronda los 20-25 euros. Si el problema es solo estacional, yo no me complicaría con un evaporativo de gama alta.

Humidificador ultrasónico compacto Cecotec Pure Aroma 300 Yang
Imagen: Cecotec

Va una advertencia que ya dimos en su momento y que sigue valiendo igual. Nada de dejarlo a máxima potencia toda la noche sin control. Si la habitación es pequeña y cierras puertas y ventanas por el aire acondicionado, un humidificador sin higrostato puesto a tope puede empujar la humedad por encima del 60% en pocas horas, con el consiguiente riesgo de condensación en el cristal. Lo razonable es vigilar el ambiente con un higrómetro barato, o elegir un modelo con sensor y modo automático que se apague solo al llegar al rango saludable.

Heras lo menciona de pasada y en este blog lo repetimos cada poco. Nada de esto sustituye beber agua a lo largo del día ni ventilar la casa en las horas en que el exterior está más fresco. El humidificador ayuda con la sequedad mientras duermes; no compensa una deshidratación de fondo si no bebes lo suficiente con el calor que hace estos días.

Mujer bebiendo un vaso de agua para hidratarse con el calor
Foto: Unsplash

Que quede claro, el aire acondicionado no es el malo de la película. Con el calor que hace esta semana sería absurdo plantearlo así. El coste aparece cuando lo usas sin pensar en la humedad, y ese coste se nota en la garganta, en la piel y a la mañana siguiente en el cuello agarrotado. Encenderlo con cabeza y apagarlo cuando ya no hace falta, más un humidificador pequeño si el dormitorio lo pide, es lo que separa pasar la ola de calor durmiendo bien de levantarte con la sensación de que algo en casa te reseca por dentro.

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